lunes, 26 de febrero de 2007

No es fácil ...


No es fácil empezar un nuevo trabajo, eso está claro... Pero tampoco es fácil, aceptar un nuevo compañero, y mucho menos, si este estará afectado a las mismas tareas que uno, y será quien en breve, te reemplazará en tu licencia por maternidad...
Eso, pude entenderlo hace tiempo y por eso entendí en aquel momento a aquella persona para la cual, yo era LA NUEVA COMPAÑERA DE TRABAJO...
Carácter difícil, además, el de la chica en cuestión, contemporánea en edad y experiencia, pero con un mes de antigüedad en el puesto -ah, el hotel tenía 2 meses desde su apertura, cuando me incorporé- ...
Ejecutiva de cuentas, departamento de márketing, sin experiencia previa en el rubro -mucha si, en un rubro emparentado- así llegué a mi segundo día de trabajo... Apenas había recorrido el hotel, y por lo tanto, no sabía conducirme con exactitud dentro de él...
Un tanto asustada, pero segura de mí, observaba todo lo que podía. Aún no tenía un escritorio asignado y apenas podía situarme en tiempo y espacio... Mientras intentaba ponerme al tanto de las tarifas, políticas de comercialización, etc etc etc etc, mantenía una charla afable con mi otro compañero de tareas -hoy mi jefe, un divino- ...
Como si tanta armonía molestara, la joven en cuestión, cuya panza de 7 meses no hacía ver más dulce, atiende el teléfono y luego de un frío OK, me mira y dice:- Abajo hay una persona que viene a averiguar por un evento empresarial para 100 personas... Lo atendés?... Agarrándose de la silla para no caerse, mi compañero intento salir en mi auxilio alistándose para ir él, balbuceando un "voy yo", cuando, blanca, pero sin que se me mueva un pelo, le dije: -Bueno! -no soy de achicarme ni a palos- a lo que salí temblando de la oficina, al punto de no saber cómo llegué hasta el lobby...
De más está decir, que mostre los salones como pude, y al parecer mis explicaciones y argumentos de venta no fueron muy convincentes, porque el señor nunca más volvió, y creo que tampoco lo hizo nadie de su empresa... Eso sí, guardo con cariño su tarjeta y recuerdo con placer, la cara de la yegua, cuando volví airosa de semejante prueba...
En fin... Hoy, pasados algunos años ella ya no está y por ahora, yo sigo guardando tarjetas personales de gente que siempre vuelve...

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